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Acoso

El acoso, o trato vejatorio, es común y puede afectar tanto a niños como adultos. Daña la autoestima y, en el peor de los casos, puede conducir a trastornos mentales prolongados en el tiempo. Nadie debiera sufrir esto y es por eso que el acoso debe ser combatido.

¿Qué es el acoso?

El acoso implica que la persona se encuentra en una posición desventajosa y que recibe tratos vejatorios reiterados. El acoso también se denomina trato vejatorio y le ocurre a 60 mil niños al año en Suecia.

El acoso psicológico puede ocurrir frente a frente, mediante comentarios malintencionados y miradas, mímica, risas, divulgación de rumores o la aislación constante de una persona del grupo. El acoso físico puede expresarse en golpes, patadas, empujones y amenazas de violencia. En los colegios, los baños y camarines son lugares conflictivos.

También los adultos se acosan unos a otros. Uno de cada diez adultos admite haber sufrido acoso en el lugar de trabajo. El acoso en línea es un gran problema y se puede expresar en la difusión de comentarios, rumores o imágenes vejatorias.

Lo que se considera acoso va a depender de la experiencia de quien lo sufre. Es tarea de cada quien evaluar qué cosas son vejatorias y qué otras son bromas. La verdad es que no importa lo que diga el acosador respecto de sus intenciones iniciales.

¿Cómo afecta la vida diaria?

El acoso afecta a las personas de distintas maneras, pero si los vejámenes son prolongados, existe riesgo de daños graves a la autoestima de la persona. Con el tiempo, el acosado termina creyendo que aquello que los acosadores dicen es verdad y que uno realmente es peor que los demás. Esa no es la verdad, pero podría hacer que la persona sienta soledad y vergüenza.

El acoso puede resultar en problemas de salud mental con ansiedad y depresión, así como síntomas fisiológicos tales como dolor de cabeza o de abdomen. Hoy, el acoso en el lugar de trabajo constituye el origen de muchas bajas por enfermedad y entre éstas es frecuente encontrar diagnósticos graves tales como el embudo del agotamiento o el trastorno por estrés postraumático (TEPT).

¿Puede mejorar?

La vergüenza, los sentimientos de culpa y el miedo a parecer débil, pueden dificultar que la persona se atreva a hablar sobre el acoso. Sin embargo, la situación debe cambiar para poder mejorar. Barrer el problema debajo de la alfombra no es ninguna solución, y todos tienen derecho a sentirse bien y a ser bien tratados. Es bueno contarle a alguien de confianza lo que sentimos, por ejemplo, un padre, pariente, vecino, profesor, amigo o socio.

Es importante mostrar coraje cívico e intervenir cuando otra persona es acosada, para que se elimine el acoso en la sociedad. Es mejor actuar en demasía que pretender que no se ha visto nada.

¿Dónde puedo acudir?

Si descubres que un niño ha sido acosado en el colegio, debes contactar con el personal. Por ley, el colegio está obligado a tener un plan de manejo del acoso. En cuanto al acoso en el lugar de trabajo, no existe ninguna ley, pero en marzo de 2016 entró en vigencia un nuevo decreto sobre el entorno laboral organizativo y social. Allí, se detallan las obligaciones del empleador en cuanto a tratos vejatorios.

Si la salud mental de alguien decae o la persona elabora ideas suicidas, es más importante aún buscar ayuda externa. Puedes acudir a un ambulatorio o a un consultorio psiquiátrico.

Si el acoso implica que una persona es sujeto de un delito, éste puede ser denunciado a la policía. Se puede tratar de maltrato, delito de intolerancia o difamación. Toma contacto con la policía si quieres consultar al respecto.